jueves, 28 de julio de 2016

Verano divertido… ¿o conflictivo?: Tips para un verano sin conflictos padres e hijos

A pesar del deseo de muchos padres de poder disfrutar del verano para compartir con sus hijos (y de estos para descansar del ritmo escolar), la falta de compatibilidad de horarios, el cambio de rutina o la dificultad para mantener ciertos hábitos y reglas pueden hacer de las vacaciones un momento difícil a nivel familiar y parental. Las vacaciones –tan anheladas por todos, en especial por los más pequeños- pueden convertirse entonces en un momento de tensión familiar y en una fuente de conflictos en casa, dadas las nuevas demandas en cuanto a la organización del tiempo familiar y la falta de costumbre en la convivencia.

Lo cierto es que, después de un largo periodo de esfuerzos en distintos niveles y roles, las vacaciones de verano han de ser una pausa para recargar energías y conectar a nivel familiar en contextos distintos a los habituales. Es por ello, que nos gustaría reflexionar sobre algunos puntos que pueden ser de utilidad para que el verano no termine siendo una época de desgaste y desencuentros entre padres e hijos.

Aquí algunos apuntes a tener en cuenta:

-Tomar un tiempo para celebrar el esfuerzo, intentando no enfocarnos únicamente en los resultados obtenidos. Es necesario que podamos dotar de sentido lo que ha sido el año escolar y que los niños tengan la oportunidad de ver en retrospectiva su trabajo y aquellos puntos que sienten que han de reforzar. En los años escolares aprendemos a valorar lo que hacemos, cómo lo hacemos y lo que conseguimos. Centrarnos sólo en esto último puede mermar la flexibilidad que necesitan nuestros niños y adolescentes para enfrentar retos futuros sin que los reveses impliquen un deterioro de su propia imagen y capacidad. Los éxitos y fracasos son constantes en el día a día y se suceden a lo largo de nuestro desarrollo. Asimismo, los puntos de luz y oscuridad dotan de matices la vida y nuestra valoración debería estar dotada de la misma complejidad… Una valoración comprehensiva que vaya más allá de la noción común absolutista de éxito o fracaso.

-Gestionar la flexibilidad horaria, dentro de un marco constante de rutinas diarias y normas de convivencia. La pausa que implica el verano debe llevar consigo un continuum entre el esfuerzo que se ha hecho a lo largo del año y la preparación para el siguiente. Muchos padres recompensan el esfuerzo de sus hijos permitiéndoles más horas de sueño, horarios más laxos para irse a la cama, más tiempo de juegos de consola, hábitos alimenticios menos cuidados o cierta dejadez en cuanto a las tareas y responsabilidades en casa. Aunque la intención es honesta, la renuncia a la rutina diaria implica en la mayoría de los casos una fuente de conflicto entre padres e hijos (en el momento presente o a futuro) y mayor tensión en cuanto a la compatibilización del tiempo en el caso, sobre todo, de aquellos padres que han de seguir trabajando durante buena parte del verano. La flexibilidad horaria es necesaria y justa, sin embargo es necesaria asimismo una rutina que de seguridad al niño, lo prepare para el próximo año y que le proporcione un marco para respetar la convivencia familiar. Cuando se obvia dicha rutina o se flexibiliza en extremo, retomarla en la vuelta al cole resulta un trabajo agotador –para padres e hijos-, ya que es necesario re-aprender hábitos y reglas. Que tus hijos quieran ver una peli que termina a las 11:15 (cuando su hora tope para ir a la cama suele ser a las 9:30) no implica una desautorización a la regla, sí lo es cuando permitimos que, por ejemplo, al terminar la peli jueguen a la play hasta las 3:00, se despierten al día siguiente a las 13:00 y no puedan entonces cumplir con normas de convivencia y responsabilidades establecidas (pasear al perro, ayudar a papá en el jardín, asistir al campamento de verano…). Es necesario flexibilizar los horarios, sin embargo esto ha de hacerse sin abandonar una rutina mínima diaria.

-Planificar actividades conjuntas… de manera conjunta. El cambio de año también es reflejo del crecimiento de nuestros niños. Sus aficiones, intereses, motivaciones cambian con la edad y con el tiempo. Es importante planificar momentos de encuentro familiar, pero en especial hacerlo en consonancia con estas motivaciones.

-Manejar una “agenda vacacional”. Para ello es necesario informar a los niños de nuestros planes, no imponerles sin previo aviso deberes relacionados con lo académico o con el hogar y planificar pequeñas actividades conjuntas. Es muy útil programar actividades sencillas que permitan un tiempo para compartir a nivel familiar y a la vez dar espacio para que puedan realizar actividades que no suelen tener cabida en el horario escolar regular (compartir con amigos o familiares lejanos, realizar actividades “extraescolares” que no han tenido espacio durante el año…).

-Intentar involucrar a tus hijos en tareas que impliquen cada vez mayor grado de autonomía. El verano es buen momento para que los niños practiquen “ser mayores”, ganen en autonomía. Muchas veces esto es necesario dados los horarios de trabajo de los padres frente al tiempo libre de los hijos (tienen que cuidar de un hermano menor, preparar la comida, desplazarse solos a algún lugar). En estos casos, es importante recalcar cómo el niño va ganado en autonomía y reconocerle aquellas tareas en las que se va implicando y en las que va colaborando a medida que va creciendo.

-Aprovechar el tiempo libre en común para conectar intereses. El desarrollo sano de los niños implica una conexión con su mundo, su entorno y su comunidad. Es necesario tener esto en cuenta para programar actividades en el tiempo que toda la familia tiene libre para acompañarlos lúdicamente en ese camino de aprendizaje. Discutir un libro de interés juntos, visitar un lugar que sea significativo en la historia personal de los padres compartiendo sensaciones y percepciones en cuanto al mismo, tomarse un tiempo para ver una peli o serie que les guste a todos y luego hablar sobre ella, leer algún post, artículo o noticia de interés y reflexionar sobre ello, visitar un museo de la ciudad al que siempre habéis querido ir y no “encontrasteis el tiempo para hacerlo”… Son muchas las opciones, ¡deja fluir tu creatividad!.

-Y, por último ¡Pierde miedo al “aburrimiento”!. Muchos padres tiemblan frente al “estoy aburrido” de sus hijos… Es necesario intentar no sucumbir ante ese miedo y correr a atiborrarlos de actividades… Nuestros niños están inmersos en un mundo de constantes estímulos y muchas veces frente a la ausencia de esa corriente incesante de emociones y actividades, reclaman el aburrimiento como si se tratase necesariamente de algo negativo. Hemos de tener muy presente con respecto a esto, que las pausas son necesarias para integrar vivencias, descubrir motivaciones, tomar iniciativas que muchas veces quedan adormiladas por la respuesta automática frente a una estimulación permanente. Estar “aburrido” puede ser un excelente punto de partida para probar cosas nuevas y buscar nuevos retos. El aburrimiento puede convertirse en dejar la play y salir un rato al parque, dar caminatas más largas en las mañanas con el perro o  con amigos, descubrir rincones nuevos del vecindario, encontrarse con nuevas motivaciones, probar que se es capaz de hacer cosas distintas (preparar una tarta, hacer una peli casera, leer un libro que se tenía “olvidado”, conocer nuevos amigos…). ¡El aburrimiento puede ser la puerta a muchas cosas nuevas por conocer!.

Esperamos que estas notas puedan generar iniciativas que hagan de vuestro verano un momento de encuentro y que los conflictos, si los hay, sean portadores de mejoras y crecimiento familiar.

¡Buen verano!


Artículo de Kreadis©